Anoche viajé, viajé a un mundo nuevo, un mundo feliz: sin problemas y sin peligros. Un mundo lleno de mares interminables y lleno de esperanza y alegría, un mundo estable y armónico, como un paraíso: con un cielo lleno de colores.
Todo era fantástico. Las personas siempre sonreían, admiraban y cuidaban su mundo porque era suyo, y si ellos no lo mantenían ¿quién lo iba a hacer?
Era admirable la forma de pensar de los habitantes de aquel lugar, era mágica.
Al principio, nada más llegar me escondí, para así poder analizar bien esa nuevo terreno.
Las personas iban vestidas algo extrañas, unas con atuendos en los que se podía apreciar una gran calidad, y otros, los que estaban trabajando sin parar, llevaban ropas resquebrajadas, que extraño… Algo me era muy familiar pero no sabia decir el que…
De pronto un niño con alas apareció revoloteando, portaba consigo un arco y una flecha; volaba de un lado para otro echaba un vistazo y se desplazaba otros pocos metros. En una de sus miradas, que parecían de vigilancia, miró hacia donde me encontraba: yo estaba acurrucada entre los arbustos y unas piedras. Intenté que no me viera pero en tan solo un pestañeo apareció a mi lado.
-¿De qué huyes jovencita?¿Un amor demasiado apasionado? ¿Furia por amor? Dime, ¿huyes del amor?- Hablaba de una forma rara, en todas las oraciones que decía nombraba el amor, al menos nada más conocer a alguien. Tenia una fina voz, como la de un niño pequeño.
Le respondí con un rotundo no, pero no sirvió de nada, siguió hablando y hablando…
- ¡Uy! A ti te ha pasado algo con el amor ¿verdad? ¡Ya se! Seguro que estabas enamorada de un joven pero te obligaron a estar con otro, infidelidad ¿no? ¡A que sí! ¿A que es eso?- Ponía un entusiasmo asombroso en cada una de sus palabras, con su mirada inocente pero sabia… - ¡Eh eh! ¿a que era eso?
Continuo horas y horas hablando sin recibir respuesta por mi parte… Me dijo algo, no recuerdo el que me llamó la atención y me recordó a un pobre y frágil niñito solo e inocente. Esto me hizo decidir a hablarle.
- No paras nunca de hablar ¿verdad?, le dije entre sonriendo. Yo soy gala ¿y tú?
- ¿Gala? No había oído ese nombre por aquí,¿eres extranjera? ¿y tu ropa? ¿No serás un diosa? - sí, había dicho una diosa - porque si lo eres deberías ir por allí - señaló un precioso bosque con un verde brillante que emitía paz y tranquilidad- cuando llegues hasta un lago rodeado por preciosos arbustos, sabrán que estas allí…
- No, pero si yo no soy una… - me interrumpió.
- Pero, ¡uy! Creo que no te debería de haber dicho nada de esto, si de verdad eres una diosa tu sola tendrías que saberlo… - después pronunció un ¡ayayay! Que parecía el de un niño preocupado por haber hecho alguna trastada, me había desvelado algo que ni yo ni el resto de ciudadanos podíamos saber.
No paraba de revolotear, como si estuviera nervioso. Cuando me dispuse a contarle que era una simple humana, que no tenia ni idea de cómo acababa de llegar a aquel lugar, escuché a un grupo de niños que se estaban contando historias, en las que decían cosas como - Ares vendrá, la orilla de los muertos, Hércules el héroe…
Fue justo entonces; cuando averigüé que hablaban de dioses griegos, de Atenas y de Grecia, cuando supe que aquel niño que volaba era Eros… Todo esto lo había estudiado recientemente en clase, era imposible… ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado a aquel lugar? ¡Era imposible! La antigua Olimpia ante mis ojos, ese paraíso que todos los días imaginaba, ese lugar que desde hacía tiempo sabia que era especial… - ¡Qué! ¿Que pasa, adonde voy? ¿Qué es ese ruido tan espantoso? ¡Noooooooooo!-
¡Pum! Un escalofrío y un golpe seco cubrieron mi cuerpo, como si de un sobresalto se tratase. Estaba muy sofocada. La tele estaba a toda pastilla emitiendo las noticias de madrugada. Yo estaba chafando el mando y por eso que el volumen estuviera tan alto. En el telediario emitían unas imágenes de la guerra de oriente medio, eso tan espantoso que me había… ¿me había despertado? Todo había sido un sueño, es cierto, era algo demasiado mágico como para ser real: sin el humo de los coches, sin el espantoso ruido de las bombas, sin guerras, sin ruidos…
Bajé el volumen del televisor, miré mi reloj y era hora de ir a clase…


