Adiós. Adiós a tu sonrisa, a tus ojos egipcios, a ti. Adiós a todo lo que mi cabeza y mi corazón habían imaginado junto a ti. Adiós a todo lo que podríamos haber vivido y que no pasará. Adiós a ti, moreno, negro. Adiós a mis sonrisas al ver tus fotos, y hola a mi dolor y a mi vacío. Hola al enorme hueco que ahora siento en el estómago y que antes era habitado por unas pequeñas y preciosas mariposas... Hola a la nada, a la apatía, pero no hola a las lágrimas, no salen, no brotan, no lo quieren hacer o no pueden hacerlo. Tal vez no puedan darse cuenta de que esto es un adiós un no definitivo, que la duda que albergaba esta historia ya no se alberga porque ya no hay historia. O tal vez no salen porque no quiero que salgan, porque me lo he prohibido, porque estoy harta del dolor y de no vivir. De solo pensar y pensar e imaginar, imaginar un mundo y una historia imposibles, y olvidados. No quiero derramar esa lágrima, esa lágrima que haga que de verdad signifiques lo que siento que significas. Esa lágrima que haga que, una vez más, me de cuenta de que soy una simple niña tonta, encaprichada e ilusa que no sabe admitir la realidad. Esa niña que ha luchado para solo tenerte a ti en sus sueños, para que solo tú seas su sueño, y que hay deseado ser los tuyos. De hecho creo que alguna vez he sido los tuyos, pero pocas, porque, entiendo, que los hayas reprimido e intentado olvidar, en parte igual que yo, pero no entiendo que los hayas olvidado. Ahora hay otra, otra más guapa, más lista y, probablemente, más mayor que yo ocupando todos esos sueños que un día quise míos. Y lo entiendo, entiendo la edad, entiendo la belleza y entiendo que haya sabido llamar tu antención y tenerte entre sus brazos. Entiendo como más lista que yo a esa que ahora está en tu cabeza, que ocupa tu hueco del estómago y las llamadas a tu móvil. Entiendo que ella, y no yo, ha sabido hacer que la miraras, que te fijaras en ella, y sobretodo que vieras algo más y que quisieras algo más de ella. Pues vestirse o comportarse de una forma que llame la atención lo sabemos hacer todos, pero captarte a ti, a tu mirada y a tu corazón solo lo sabe hacer ella.
Y me alegro, me alegro de verte sonreír como no te he visto muchas veces, me alegro que se te quede esa carita después de hablar con ella, pero odio que sea ella y no yo, odio no ser ella y odio que ella no sea yo. Odio no poder hablarte o abrazarte, odio cuando sonríes por pensar en ella, o cuando todos bromean y te felicitan por ella. Pero si algo está claro es que ella no tiene la culpa, la culpa es mía, por pensar e imaginar por quererte, por saber que no debía hacerlo pero creer que sí. Y tu, idiota, poco luchador y poco valiente. Si tus miradas y tus sonrisas hubiesen sido ciertas o si lo han sido, idiota por no demostrármelas, por no dármelas y regalármelas, idiota por no luchar por algo casi imposible.
No, idiota tu no, idiota yo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)