lunes, 6 de octubre de 2008

Traición y Venganza

Traición, Venganza y algo de Amor

Corrían los años ochenta, en La Cruz, México, lugar donde abundaba la corrupción entre los negocios.

La fábrica de ropa Lucci, tenia acciones en muchísimas empresas de diferentes sectores, su jefe Franco Lucciano de familia italiana, era un hombre bueno y humilde, muy claro en sus negocios y también muy astuto. Sabía que la gente con la que se movía, en ocasiones, era peligrosa, pero claro a él le convenía que su inversión prosperara, y mientras su vida no corriera peligro..

La familia Arango de clase media-baja, estaba constituida por la hija menor, Lucia y un hijo más mayor, Manuel. Los padres era dos trabajadores natos, pero como muchos otros en esas zonas, el padre, Luís, deseaba que su mujer estuviera en casa y que solo él pudiera sacar adelante a su familia.
Luís descubrió una posible y próspera inversión en una fábrica dirigida por Franco Lucciano y otros magnates de ese mundillo, que si funcionaba les sacaría de la pobreza. Lo invirtió todo, todo lo que tenía: su casa, su dinero... Y el negocio falló, le engañaron, lo dejaron sin nada, solamente con deudas, una familia que mantener y una casa que intentar no perder.
El pobre hombre calló en una enorme depresión a lo que no le faltó el alcohol, no lo soportó, se puso enfermo muy grabe y murió. Dejó notas y testimonios contando lo que había sucedido con las empresas Lucci, que ellos le habían matado.
Su hijo, Manuel, juró vengarse, investigó y el primer nombre que salió a la luz con las empresas Lucci fue el de Franco. Buscó información sobre él, intentando encontrar algo para hacerle daño, y lo único que podría "tocar" seria a su hija, Mónica. Se informó y encontró su colegio en México y allí fue, se marchó.

El curso comenzaba y todos los alumnos recorrían los pasillos, nerviosos y ansiosos, Manuel también, pero en busca de esa joven.

Un día mientras Manuel observaba por los pasillos se cruzó con una preciosa chica, de ojos verdes y pelo castaño, se miraron fijamente, siguieron sus caminos y de nuevo sus miradas volvieron a cruzarse. Fue un flechazo, Manuel no lograba sacársela de la cabeza ni ella a él.
En una ocasión preguntó quien era la tal Mónica Lucciano, un compañero le señaló, y ... allí estaba, era ella, con quien se había cruzado días antes, la única persona que ocupaba su cabeza. Pero la muerte de su padre le llenaba el corazón y eso, era mucho más.
Poco a poco, fue asustándola, dándole mensajes amenazadores, intentando convencer a sus compañeros de que la familia de la chica era mala y egoísta, pero ninguno lo admitía.

Consiguió acercarse a Franco, tanto, que se puso a trabajar para él.
Franco le enseñaba cosas nuevas, le cuidaba y ayudaba siempre, incluso se convirtió en su tutor legar. Fue entonces cuando su forma de pensar cambió, pero necesitaba saber porque él, si tan bueno era, había engañado a su padre. Se lo preguntó, y le confesó que sólo había leído una vez el nombre de Luís Arango, escrito en un papel de posibles inversores, pero que poco después el había dejado esos negocios porque los otros inversores no le daban buena espina.

Todo estaba claro, como había documentos que implicaban a los otros socios con estos chantajes, que resultaron ser múltiples, el tema pasó a manos policiales, y Manuel, sin darse cuenta, ya tenia una nueva vida, nuevos amigos, otra familia, un nuevo amor...



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