martes, 27 de julio de 2010

Egipcios.



Hace poco leí una frase "aquellos que sonríen cuando por dentro no lo hacen, son los verdaderamente valientes", y sí es cierto. Aquellos que sonreimos cuando por dentro, no solo hay alegria, sino que también hay miedo y temor, cuando hay recuerdos que duelen y que hacen temblar todo el cuerpo, cuando hay sentimiento y dolor, inseparables, cuando hay cariño y necesidad de él. Aquellos que ante momentos tristes sonríen, y regalan a los demás su sonrisa, aquellos que no dudan en dedicar a alguien una muesca, ese brillo que desprende parte de su ser, la parte de querer ser felices, de tener ganas de vivir y de querer darles a esas personas parte de ti, porque te importan y porque te hacen sentir.
También son aquellos que sufren, como todos los demás, pero derrumbados o no, tristes o no, sonríen a la vida, y le dan una oportunidad a cada día brindandole la posibilidad de cambiar lo que siente o mejorar lo que siente, aunque también la de sufrir. Pero en mi opinión todas aquellas personas que sonríen a la vida, que sonríen a aquellos que quieren sonreir porque así lo sienten, aquellos a los que se les mueve el cuerpo por ver a otro sonreir- esten haciendolo o no por ellos- por ver a otro que ve tu sonrisa, que sabe que se la estás dando y que se la regalas..
Y todos aquellos que sonríen también lloran, por supuesto, pero no tardan en volver a reir, porque hay que ver algo bueno de la vida y del mundo, y aunque se sufra siempre habrá algo, por pequeño que sea por lo que merece la pena sonreir; ya sea una personita que solo de mirarte te vuelve loca, o alguien que con una simple mirada, un pequeño instante en el que sus ojos coincidan con los tuyos, te hace sentir todo y nada, te hace sonreir, pues tu respuesta a sentir, algo nuevo o ya vivido, es una sonrisa, una muestra de esa felicidad que tu sientes por dentro y que te hace sentir lo de fuera.
Y algo que reconforta en gran medida a todos aquellos que sonríen, es ver como cuando se siente algo por alguien y esta persona te ve sufrir y te ve derramar una lagrima por la mejilla, y mira y le duele y no quiere ni le gusta verte así,sino que sólo quiere que recuperes tu sonrisa. Eso te hace sonreir. A mi me hace sonreir. Me hace sonreir pensar en su mirada, en su intento por calmarme, pero sobretodo en su gesto y en sus ojos que se movían a la vez que la lagrima lo hacía, que algo indecisos se movían de un lado a otro, y después me miraban de nuevo, aquellos ojos egipcios que ya están en mi memoria, y por los que sonrío.