
La ley antitabaco, una ley que podría y va a pasar a la historia como otras tantas que siempre se recuerdan por el revuelo que provocaron y por las manifestaciones de la sociedad ante su imposición.
La ley antitabaco permite dejar respirar tranquilamente a niños y personas no fumadoras, sin tener que someterse "porque sí" al alumno de los fumadores y convertirse, entonces, en fumadores pasivos.
Como bien sabemos y nos han enseñado todos somos personas y debemos de respetarnos los unos a los otros, por ello mismo, se debe respetar a aquellas personas que han decidido respirar día a día una cantidad innombrable de compuestos entre ellos el alquitrán, y también a aquellos que prefieren no hacerlo.
Los fumadores son personas normales y corrientes que al igual que otros pueden ser adictos al chocolate, son adictos al tabaco, un veneno que no hace otra cosa que dañar el organismo; pero no por consumirlo se le debe discriminar.
La ley antitabaco no es otra cosa más que un respeto a las personas no fumadores, a los niños pequeños que hace a penas 30 años llegaban al mundo con una matrona a la que no le faltaba el cigarrillo en la boca.
El tabaco ya es algo cotidiano en nuestras vidas pero igual que unos consumen y otros no, por elección propia, debemos respetar a aquellos que no pueden hablar y que un día sufrirán las consecuencias de ese maldito aditivo ya parte de nuestras vidas.